Posted by: NAHJ-UPR on: June 5, 2010
Por Lillian E. Agosto Maldonado (NAHJ-UPR)
A los 20 años conocí a Willie Miranda Marín. Tenía como tarea entrevistarlo como parte de una cobertura especial que la emisora radial WKAQ 580 y el portal de noticias Primerahora.com organizaron para las elecciones generales de 2008, donde integraron futuros periodistas como yo.
Lo había visto en actividades públicas del municipio de Caguas, que dirigió por 13 años, pero nunca lo había tenido tan cerca.
Su llegada al colegio de votación fue una especial. A diferencia de todas las personas que entraban y salían del lugar, Willie fue recibido con aplausos, besos y abrazos del público que allí lo esperaba.
Me acerqué a él, lo entrevisté, capturé en fotos y audio, con la ayuda de mi hermano, el momento de lo que fue su último voto en una elección general.
No estuve más de media hora junto a él y ya quería quedarme escuchándolo. Noté sabiduría, organización y don de gente en cada palabra que decía, confirmando lo que he vivido por más de dos décadas: su genuino amor por su pueblo.
Muchas han sido las expresiones que se dieron a raíz del fallecimiento del eterno alcalde de Caguas. Sin embargo, yo quiero utilizar el momento histórico que vivimos para reflexionar en la importancia de trabajar para y por el pueblo, así como lo hizo el Cacique Mayor.
Como vecina del municipio cagüeño, reconozco y participo a diario de este “nuevo país” al que Willie tanto amó. Aunque soy 100 por ciento gurabeña, la mayoría de mis actividades y diligencias las hago en la ciudad criolla.
Vivo y siento a cada momento el orgullo que tienen los criollos de ser de Caguas, conozco y visito los lugares que embellecen a su pueblo y hasta paso mis buenos ratos en su plaza de recreo.
Además de construcción de estructuras físicas y un excelente manejo de administración, lo que debe resaltar de este ilustre cagüeño es su sentir de pueblo.\
Willie no era político. Era un ser humano, como tú y como yo y así se comportaba en el pueblo. Su espíritu solidario y su actitud de compromiso lo convirtieron en un líder exitoso, respetado y digno de emular.
Quizás hemos perdido al único rayo de esperanza que teníamos ante la crisis que vivimos a diario. Esto puede representar para mí, lo que para mis padres significó la pérdida de nuestro primer gobernador electo, Luis Muñoz Marín.
No obstante, puede ser el momento de analizar cómo vivimos nuestros días, a qué le damos importancia y qué fuerzas son las que dejamos que nos dividan.
Dejar la politiquería, el fanatismo por los partidos y sus líderes y preocuparse por lo que de verdad importa: el pueblo. Ésa debe ser la idea que llevemos nosotros como ciudadanos y nuestros “gobernantes” como cabeza de nuestro Puerto Rico.
Aprendamos de Willie, continuemos su obra y démosle la oportunidad a nuestras futuras generaciones de conocer un “nuevo país”.
Descansa en paz, Willie.
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