Posted by: NAHJ-UPR on: May 19, 2010
Por Samuel Nemir Olivares Bonilla (NAHJ-UPR)
El área noroeste de Puerto Rico amaneció en destrucción la mañana del 11 de octubre de 1918, a causa de un terremoto de 7.5 grados en la escala Richter que produjo, además, un maremoto.
Un fuerte movimiento vertical se hizo sentir a las 10:14 a.m. y continuó minutos más tarde con oscilaciones horizontales que ocasionaron daños de valor incalculable.
Dos sacudidas fuertes subsiguientes, el 24 de octubre y el 12 de noviembre, terminaron de destruir los objetos sueltos que aún quedaban en pie.
Una ola que alcanzó los 20 pies de altura tardó entre 3 y 7 minutos en adentrarse a varios municipios de las costas entre los municipios de Aguadilla y Mayagüez. El fenómeno provocó la muerte de, aproximadamente, 40 personas ahogadas.
El sismo de 1918 causó muertes estimadas en 116 y más de cuatro millones de dólares en pérdidas a la ciudadanía, una cifra cuantiosa para la época.
Cientos de edificaciones como casas, fábricas, comercios, edificios públicos, chimeneas y puentes, entre otras, se vieron severamente afectadas por el movimiento telúrico que sorprendió al País con su fuerza imprevista.
El terremoto, cuyo epicentro se originó en el Cañón de la Mona, cerca de Aguadilla, fue provocado por la súbita fractura de las rocas que componen una formación que se conoce como el “lecho del óceano”, cerca de la superficie de la tierra.
Este evento sísmico fue el cuarto evento telúrico desde la colonización de la Isla, luego de un devastador terremoto de 7.5 en la escala Richter, el 18 de noviembre de 1867, que produjo daños en la zona este; y un maremoto que penetró 150 metros en el municipio de Yabucoa.
Otro sismo de 8.0 en la escala Richter se sintió 131 años antes en toda la isla, el 2 de mayo de 1787. El pueblo de San Germán también vivió un terremoto en 1670, aunque se desconoce su magnitud.
El temblor del 16 de mayo es un recordatorio para la Isla
El temblor más fuerte desde el terremoto en 1918 se sintió el 16 de mayo en la Isla, con una magnitud 5.8 en la escala Richter. Sus ondas se prolongaron en intervalos de 6 a 8 segundos durante un total de 20 segundos.
A diferencia del anterior movimiento telúrico, éste no provocó un maremoto, ya que su epicentro se encontraba a 140 km de profundidad en la tierra. Para provocar una ola, el sismo debió haber ocurrido en las aguas, más cerca de la superficie.
A pesar del fuerte estremecimiento que atemorizó a muchos ciudadanos, no se registraron muertes ni daños significativos a las edificaciones, a excepción de grietas en algunos hogares. El temblor es considerado como evidencia de la continua y desapercibida actividad telúrica en el país, que promete hacerse notar en poco tiempo, según los expertos.
“Este sismo nos sirve para acordarnos que, en Puerto Rico, la actividad sísmica es la ley del día”, interpretó el geomorfólogo José Molinelli Freytes en entrevista televisiva con el noticiero del canal del Estado, Noticias 24/7. “Esto que sintió la gente no es terremoto, (…) esto sería comparado con lo que es una brisa en un huracán”, advirtió el también director del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico.
En comparación con el terremoto de 1918 y sus repercusiones, este temblor fue tan sólo el indicio de que puede presentarse uno de igual o mayor magnitud.
“El evento que se espera en Puerto Rico es uno mayor, un evento semejante al de 1918 en el área de Mayagüez o en el 1987 al norte de Puerto Rico. La región tiene la capacidad de producir terremotos de magnitud 8 y capacidad de producir ‘tsunamis’”, detalló la directora de la Red Sísmica de Puerto Rico, Christa Von Hillbrandt.
Aunque los terremotos no son predecibles, generalmente se intenta descifrar la probabilidad de que ocurran mediante la utlización de técnicas geofísicas, como patrones en la actividad sísmica del área, la elevación del suelo, así como el comportamiento de los animales.
Un estudio de vulnerabilidad sísmica realizado en 1987 por el doctor William McCann arrojó una probabilidad de un 33% a un 50% de que ocurra en Puerto Rico una sacudida de intensidad 7 o superior en la escala Mercalli Modificada. Esto ocurriría en diferentes partes de la isla en un periodo de 50 años.
Durante un terremoto de esta magnitud, resultaría dificultuoso ponerse de pie; estructuras de bien diseño y construcción sufrirían daños insignificantes; aunque serían considerables para las estructuras pobremente construidas.
Es importante recalcar que no conocemos de antemano el momento en que nos pueda sorprender otro evento similar.
De este temblor, “lo aprendido es reforzar lo que ya tenemos”, según personal de la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias (AEMEAD). “Estamos cerca de que un evento de gran magnitud nos afecte. Ya pasamos el simulacro real”, afirmó la Agencia en conferencia de prensa.